Amor arraigado
Al pensar en las maravillas de la creación divina, lo que más me asombra son las enormes secuoyas. Estos árboles gigantes pueden crecer hasta 90 metros de altura y tener un diámetro de más de 6 metros. Llegan a vivir más de 3.000 años y son resistentes al fuego. Es más, los incendios forestales abren las piñas y desparraman las semillas en el suelo fertilizado por las cenizas. Quizá lo más asombroso es que pueden crecer con solo un metro de profundidad de tierra y soportar vientos fuertes. Su solidez yace en que sus raíces están entrelazadas, lo que las fortalece y alimenta entre sí.